Siempre quedan resquicios de lo que pudo ser y no fue, o de lo que nunca vendrá para volver a ser.

Quizá dejé demasiado tiempo las puertas abiertas esperando volver a donde las mariposas nacieron por primera vez.
Y ya no volverán a ser las mismas, ni con los mismos revoloteos, ni con las mismas alas que nos hicieron volar desde aquel colchón.

Y todo por la insensatez de querer esperar al tiempo cuando él ni siquiera se paró a esperarnos.
Todo por la culpa de unos labios que siempre besaron de más y dijeron de menos.
Todo por ser cara y cruz y creer tener valor juntos.
El valor se fue cuando el miedo se quedó a dormir, acostumbrándonos, haciéndonos pequeños, y tú, que me hiciste tan grande, míranos ahora.

Cada uno trazando un camino para a fin de cuentas poder encontrarse de nuevo, y volver de nuevo al lugar donde las mariposas nacieron.-

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