Yo era su guerra,
él, mi paz mundial,
y un día,
sin saber por qué,
el Caos vino para quedarse.

La última vez que atardecí en sus labios fue la primera vez que amanecí sin él.

Su sonrisa siempre fue
la mejor almohada
en la que quedarse dormida.
Y sus manos,
las mejores sábanas
en las que quedarse entrelazada.

Y ahora que no estás.
Ahora que te fuiste.
Ahora que decidiste
huir de mis ganas y
fugarte con las tuyas.
Ahora que paré de inventarte.
Ahora que supe que nunca debí trazarte.
Ahora que no -eres- pretérito del verbo doler.

Me doy cuenta de que
la vida puede ser maravillosa ,
aún sin tener,
tus lunares a los que viajar,
o tu sonrisa en la que
quedarse a vivir.-

 

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