ÉL.

Nunca he hablado de él, pero hoy voy a hacerlo.

Él era el epicentro de todos los terremotos que tambaleaban mis sueños

pero aun así yo quería cumplirlos todos a su lado.

Era mi rincón favorito de Madrid y eso que no salíamos de mi cama.

Era los- no te vayas-

que nunca me atreví a decir en las despedidas.

Era los -te quieros-

que siempre me guardé de reserva

por si  alguien se atrevía a acelerar conmigo.

Era… no sé

Todas las letras que guardas en un cajón

por si algún día las escribes en el papel de los sueños

que al final terminan por volar y no volver.

No, no es que fuera mi mitad, era él.

Era su sonrisa.

Era la persona que me hizo creer

que las casualidades no existen,

sino que somos cada uno de nosotros los que soñamos con ellas

y  los que hacemos lo posible por hacerlas realidad.

Y aunque esto nunca se lo dije,

todas mis noches eran suyas,

aunque él tuviera otras lunas en las que buscar luz.

Yo era su guerra,

Y él, mi paz mundial,

Pero un día,

sin saber por qué,

llegó el Caos para quedarse.

Y él se fue de la forma más bonita:

queriéndome,

pero sin poder hacerlo.

Y entonces es ahí cuando te das cuenta de que

hay personas que no son para ti,

hay algo que hace que…

os repeléis

como dos imanes que no se llevan bien.

Y entonces entendí que si esa persona no iba a ser para mí,

todo lo de aquí dentro ya jamás le iba a pertenecer.

La cuestión era como cerrar esa caja si la llave la tiene la otra persona y no te la piensa devolver.

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