La única de las maneras.-

Una calada más no hace daño. Ni un beso de los tuyos.

Esos que arden y que queman sin importar las quemaduras de después.

Ojalá mis labios no temblaran tanto y así, poder mencionarte, aunque sea en voz bajita. Por muy lejos que estés.

Y  renunciaría por siempre a tocarte, a mirarte, a leerte, a desnudarte en versos, porque sé que de algún modo puedes sentirme. Por muchos amaneceres equivocados en otro cuerpo, por muchas noches con la luna apagada, por muchas sonrisas que puedas besar buscando la mía. Sé que siempre haremos por inventarnos.

Y toda la vida que cogí prestada de tus ojos y todas las sonrisas que te  robé sin que lo supieras, están aquí, conmigo, ahora.

Es la única manera que tengo de vivirte sin que me duelas. –

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