Sobrevivir es mucho verbo para mí.

Quédate con quien haga primavera en pétalos que no llegaron a flor,

que deshojar la piel,

tras hibernar tres inviernos,

lo hace cualquiera.

Quédate con quien no te tale en dos y te use como madera

para la buena suerte,

y por rayos y ciento de ella,

no supe cómo ser mitad en un mundo a iguales.

 

He sobrevivido a tormentas,

pero ninguna ha tronado tan fuerte como la de aquí dentro,

Y de ahí, sí que no sé cómo salir viviendo.

 

Hay personas que son más marea que un –amaré-

y es por ello que quizá siempre busque cómo ahogarme.

 

Me he dado de bruces con la pared de tus –nos-,

pero desde que tengo la palabra –nosotros- ,

tatuada en el pecho,

no me creo ya ningún -no- que no sea de otro.

 

Hemos apostado demasiado fuerte por una palabra tan débil,

sin saber que,

los –siempres-

tan solo son excusas para no usar

el verbo prometido.

 

Pensamos en soñar y en hacer nuestro cometido,

cuando ni siquiera había un bostezo en el que agarrarnos,

ni mucho menos,

una muerte,

en la soga del otro ,

donde ,

por cierto,

se me han acabado las t y las q.

Y ya no sé cómo decírtelo.

 Aunque a ti te quedan todas las letras.

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