Del verbo ser en pasado.-

Parece que tu tiempo ya no encarrila por mis cuerdas.

Ni tu sonrisa persigue a mis motivos.

Ni tus manos me piden -una vez más-

Has elegido un atardecer con mejores colores que los que desprenden mis pupilas.

Otros labios en los que renacer después de chocar contra mis precipicios.

Yo era tu guerra y tú, mi paz mundial. Eras llama en mi mar en calma.

Eras arte. Magia. Felicidad en estado puro.

Eras vida. Y parte de la mía.

Aunque nunca lo supieras.

Yo en cambio, nunca fui parte de la tuya. Y tú de eso si que eras consciente.-

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Te prometo que
hay magia en
hechizos rotos.
Que hay luz
en noches
a oscuras contigo.
Que hay vida
al morir en tu boca.
Que hay heridas abiertas
en todas mis cicatrices.
Que hay indiferencia
en cada uno de
mis celos.
Que hay atardeceres mejores
que aquellos en los que
el sol se esconde.
Que hay rabia
en cada una de
mis mordeduras
de corazón.
Que hay victoria
en cada una de
las derrotas contigo.
Que hay dolor
en cada una de
mis sonrisas.
Que hay mentira
en cada una de las veces
que esquivo tus labios.
Que hay tantos -tú-
en cada uno de
mis -mi-
Que al prometerte todo esto,
te estoy prometiendo a ti.
Que aunque
me quede a oscuras,
siempre estarás tú.
Que por muchas batallas
que pueda perder,
siempre merece
la pena hacerlo
si la victoria viene colgada
de tu nombre.
Que el dolor de mis sonrisas
no es otro que
no poder parar.
Que hoy te prometo a ti,
mañana hazlo tú,
pero no me prometas
que será para siempre.-

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Viájame.-

Viájame,
que yo pienso dar
la vuelta al mundo desde
tu sonrisa.
Escalar la cima de tus labios
y saltar a la playa escondida
entre tus precipicios.
Deshacerme entre tus manos
como arena que baila.
Perderme en cada uno
de tus oasis
y morirme de sed,
porque tu boca
siempre me pareció
suficiente para vivir.-

Que cuando puedo,
aunque no lo creas,
me da por nadar en tus océanos,
inundarme en ellos,
y por qué no,
quedarme sumergida
el resto de mi vida.

Que he visto tantos muros
derrumbarse ahí fuera,
que no tengo mejor lugar
en el que refugiarme.

Que aunque no lo creas,
saltar desde tus precipicios
y tus pestañas
siempre me encantó,
por mucho vértigo
que pudiera darme
al principio.

Y es que hoy,
echo de menos
más que nunca,
tus tonos azules
coloreándome la vida.-

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Nunca fui capaz de decirte todos los atardeceres que fueron por ti.
Nunca.
Quizá amanecerías en otra sonrisa con colores con mejor magia que los de mis precipicios y sus pestañas.
Que creo que me he terminado por ahogar en tu mar de dudas.
Recuerdo cuando empecé a sumergirme por primera vez, como si mereciera la pena calarse de su sonrisa.
Y créeme que se acabó eso de congelarme sin ser invierno.
Dejándome cada una de las capas de mi piel en ti para que me digas que no te abrigan lo suficiente.
Que se acabaron las mordeduras de corazón, si luego te llevas mi mitad sin retorno.
Que nunca aprendí a vivirte parece ser.
Que fallé una y otra vez en eso que llaman la perfecta ecuación.
Y yo, tan imperfecta.

Tan dada a llevarte la contraria. Tan dada a despeinarte. Tan dada a echarte de más y a quererte de menos.
Tan dada a ser de ti, que nunca fui de mí.-

La única de las maneras.-

Una calada más no hace daño. Ni un beso de los tuyos.

Esos que arden y que queman sin importar las quemaduras de después.

Ojalá mis labios no temblaran tanto y así, poder mencionarte, aunque sea en voz bajita. Por muy lejos que estés.

Y  renunciaría por siempre a tocarte, a mirarte, a leerte, a desnudarte en versos, porque sé que de algún modo puedes sentirme. Por muchos amaneceres equivocados en otro cuerpo, por muchas noches con la luna apagada, por muchas sonrisas que puedas besar buscando la mía. Sé que siempre haremos por inventarnos.

Y toda la vida que cogí prestada de tus ojos y todas las sonrisas que te  robé sin que lo supieras, están aquí, conmigo, ahora.

Es la única manera que tengo de vivirte sin que me duelas. –

Perdón.-

Perdón por todas las mariposas que nacieron de tu sonrisa.
Quizá las dejé volar demasiado tiempo, sin darme cuenta de que volar, cuando tienes las alas rotas, es quedarte en tierra de nadie.
Ni contigo, ni sin ti.
Perdón por todas las noches sin tus lunares, antojándome con otras lunas. Pero entiende que el brillo en la piel contigo fue sudor de orbitar en aquel colchón.
Perdón por pensarte más de lo debido aunque te necesitara menos de lo firmado.
Perdón por agotar mis líneas en tu espalda, siempre tus versos rimaron mejor con mi boca.
Perdón, aunque yo siempre preferí pedir permiso.-

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Siempre serás aunque no seas.-

Siempre que el sol se esconde dan ganas de huir con él.
Huir de ese fuego que prende de sus pupilas y que tantas veces me llegó a quemar y que tantas otras quise yo.
Y es que, siempre serás la cura y la enfermedad.
Mi escudo y mi debilidad.
Y frente a ello, no hay huidas posibles.
Eres esa espiral en la que girar otra vez nunca está de más.
Eres mi autocontrol mandado a la mierda, mis ganas de alejarte de mi pero lo más cerca posible.
Que tú y yo somos tiempos distintos, tú pasado y yo presente, y parece no haber conjunciones posibles.
Que no sé que hacer para no bailarte en atardeceres, con mi vestido de sinceridad y mis tacones de querer.
Que siempre serás ese punto y seguido en mi párrafo favorito. Ese naranja imposible en algún amanecer.
Y dime tú que son dos personas que se echan de menos cuando no tienen que fingir con la persona y cama equivocada.
Porque yo hace tiempo que me cansé de amanecer en sabanas que no incluían tus lunares. Ni mucho menos tu sonrisa de después.-

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O qué poca falta te hice yo.-

Madrid, que siempre fue nuestra válvula de escape, hoy es para mí, un callejón sin salida. En el que me pierdo sin encontrarte.

Ya no estás donde ambos dijimos adiós sin usar la voz.

Todas estas calles nos dieron la oportunidad de vivirnos y nosotros, qué idiota fuimos al matarnos. Usando balas de verdad, mintiendo al querernos.

Yo también te concedí varias llaves para abrirme y sacar lo de mí. Y qué poco te hizo falta.

O qué poca falta te hice yo.

Siempre quedan resquicios de lo que pudo ser y no fue, o de lo que nunca vendrá para volver a ser.

Quizá dejé demasiado tiempo las puertas abiertas esperando volver a donde las mariposas nacieron por primera vez.
Y ya no volverán a ser las mismas, ni con los mismos revoloteos, ni con las mismas alas que nos hicieron volar desde aquel colchón.

Y todo por la insensatez de querer esperar al tiempo cuando él ni siquiera se paró a esperarnos.
Todo por la culpa de unos labios que siempre besaron de más y dijeron de menos.
Todo por ser cara y cruz y creer tener valor juntos.
El valor se fue cuando el miedo se quedó a dormir, acostumbrándonos, haciéndonos pequeños, y tú, que me hiciste tan grande, míranos ahora.

Cada uno trazando un camino para a fin de cuentas poder encontrarse de nuevo, y volver de nuevo al lugar donde las mariposas nacieron.-

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