Más de lo normal.-

Labios desgastados más de lo normal y luces que no brillan tanto como al principio.
Sonrisas escondidas más de lo normal también.
Demasiadas miradas esparcidas por el suelo y mares que ahogan de otra manera.
Palabras que se dicen solas y labios que nunca se acobardaron tanto.
Siempre he odiado esos silencios, esos que incomodan donde las mariposas nacieron. Hoy los odio más que nunca.
Por no poder hablarte sin quedarme sin voz.
Por no poder mirarte sin temblar.
Por no poder acariciarte sin rasgarme la piel.
Por no poder sonreír sin saber que fuiste, eres y serás el mejor motivo de todos.-

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Mi viaje en el que encontrarte.-

Fuimos  de arrancar  hacia lugares distintos pero de  encontrarnos siempre en las coordenadas de piel del otro.

Y qué sé yo. Si te tuviera aquí te diría todo lo que me quedó por viajarte. Que me arrancaría la piel y que no echaría el freno. Que no he visitado mejores labios ni mucho menos calado con agua tan azul.

Todos los diciembres están donde los escondí por si decides amanecer en la cama correcta y con mis ganas perdidas y ahora encontradas, aunque a decir verdad, siempre estuvieron, pero se fueron por miedo. Y yo, con ellas.

Pero hoy volví a encontrarte en la azotea de mis pensamientos. No sé si en la tuya también.

Y fue como querer salirte a buscar, recorriendo cada lugar donde solíamos comernos a sonrisas para saber dónde encontrarte. Pero no me atreví, ni hoy ni ayer, ni el resto de días que apareciste, que fueron todos.-

Piel de más.-

Que estoy cansada ya de tus pasos en falso. De abrirme y llevarte lo mejor de mí sin retorno. Quizá fui yo, que te concedí muchas oportunidades para hacerlo. Demasiadas. Y no fueron nuestras noches de menos las que oscurecieron más. Ni siquiera nuestros besos de menos con te quieros de más. Que me he ahogado demasiado ya en tu mar de dudas. Que me he dejado cada una de las capas de mi piel, y  aun así me dices que no consiguen abrigarte lo suficiente.

Déjame no entenderte mientras te pienso lo suficiente.

No necesito más de  tus comeduras de conciencia y mordeduras de corazón para darme cuenta que de que para ti nunca seré suficiente. Y  frente a eso, no tengo un corazón a  medida ni amor en gramos suficiente como para saciarte. Yo tengo lunares a los que viajar cuando aquí haga demasiado frío y quizá una sonrisa que te espera aunque no tenga ningún motivo para hacerlo.-

Pasábamos las horas muertas mirándonos, dándonos igual que el tiempo corriera más rápido que nunca.
El mundo se nos quedaba pequeño e incluso toda una vida para almacenar sonrisas regaladas y algún beso robado.
Me decías que tu sonrisa jamás se apagaría, que era como una luz infinita en cualquier oscuridad, yo te miraba, sabías bien que mentías. Pero me daba igual, sabía que lo hacías por verme feliz.
Tanto tú, como yo sabíamos que todas las sonrisas se borran, que todos los besos se sustituyen por otros, que todas las personas se van.
Me despeinabas un poco y me decías que estaba loca, que esas cosas no deben pensarse, sólo cuando el final esté cerca.
Yo te decía que eso nunca se sabe, que hay finales improvisados, otros que no, otros que dan un vuelvo a tu vida.
Ahora me pregunto dónde estarás.. si recuerdas esto o tal vez no.
Lo de que estoy segura es que por muy lejos que estés, siempre te llevaré cerca, conmigo, en cualquier viaje.-

Cuestión de tiempo.-

Siempre decíamos que éramos dos y para qué queríamos más.

Siempre yo en ti y tú en mí.

Batallé dejándome la piel pero allí estabas, frente a mí. Mientras,  bañabas con tus océanos mi piel, calándola más de lo normal. Y yo, más feliz de lo normal también. Feliz de llevar conmigo todas esas cicatrices y con ellas, también el mejor antídoto para curarlas del todo.

Recuerdo sentarnos frente al mar y prometernos nunca cambiar ni ser cambiados. Y aquellas olas, hoy borraron las palabras.

Que lo que más me gustaba de ti eran todos tus defectos, esos que hacían de ti mi mejor virtud. Que nadie me enseñó a quererte y ojalá lo hubiera aprendido a tiempo.

Y aunque ya nunca vaya a ser parte de ti, lo que sí aprendí a tiempo, es que hay piezas dentro de mí que son inamovibles y que ni siquiera  el tiempo puede moverlas ni reemplazarlas por otras.-

La ciudad de tus ojos.-

Madrid desde tus ojos siempre lució mejor. Pupilas que me erizaban la piel cuando caían en mí, y aquellos océanos, en los que muchas veces no hacía pie, pero que tantas otras me dieron igual.
Qué ganas tenía siempre de recorrer sus calles contigo. Inventarnos los lugares y volar con las ganas siempre fue nuestro plan. Ese que jamás pude volver a hacer con nadie. Y lo que aún quedaba por inventarnos, ni te lo imaginas. Y lo que aún quedaba por desgastar nuestras ganas hasta hacerlas nuestras y de nadie más. Y lo que aún me quedaba por vivirte, pero ahí no fue el frío quién congeló mis ganas. Quizá fui yo, que me creí dueña de tus noches y de tus lunares. De acelerarte en fugas de piel cuando tú ni siquiera sabías cómo arrancármela.

El miedo de no saber encontrarnos después de todo el tiempo buscándonos se quedó demasiado tiempo a dormir con nosotros. Haciendo nuestras alegrías un poquito más difíciles de sonreír y llevar al límite todo exceso de afecto. De abrigar de más con besos de verano. De echar de más en horas de menos. De hacer de las virtudes un defecto y no al revés.

Y que aunque siempre fuimos de rencores pasajeros, decirte que los míos quedaron olvidados en algún vagón. Se pasaron de parada y no sé dónde fueron a parar. Y si me lo permites, volvamos a viajar. Hacia el lugar que dicen que allí todo nace pero nunca muere, que se queda esperando a que alguien le siga regalando vida  para morir nunca.-

No ciudad mejor que tú para perderse

Y fuiste mi mejor recorrido. No hay ciudad tan bella como la que empieza en tu cabeza y acaba en tus pies. Y mira que me perdí veces..¿Cuántas? No sabría decirte, muchas. Pero ¿Sabes una cosa? A la segunda, ya me sabía el camino, tanto de ida como de vuelta, pero yo te hacía creer que me había perdido, para que vinieras a buscarme, callejeando por mis piernas, atajando entre ellas. Y es que, no hay sensación más bonita que aquella en la que el motivo es el que busca a la sonrisa y aquella en la que el te quiero es el que busca quedarse a dormir en algún corazón.-

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Siempre tú, siempre yo, siempre nosotros.-

Y me voy. Pero te prometo que volveré.

Volveré a saltar desde el precipicio de tus pestañas y sus mares. Pero entiende que me he ahogado demasiado ya, y no son siempre necesarias las ganas para bailar una vez más. Es el miedo a quedarte sin música después. Y no me gusta ver cómo se inundan tus océanos a la vez que se inunda también mi interior.

Pero te prometo volver con el corazón vivo. Lleno de energía y sobrecargado de ganas. Y sólo pido que cuando vuelva, tengas esa sonrisa colgada de tu boca. Esa que hace resurgir de las cenizas a cualquiera. Y que volvamos a empezar. A vivirnos como la primera vez.  Engrandecernos con las pequeñas cosas. Que por muy pequeñas que sean, son las que en realidad nutren mi alegría y mi buen humor. Son esas que me han hecho grande a tu lado. Así que espérame donde siempre. Donde nuestras miradas coincidieron por primera vez y nuestros labios hicieron el resto. Y allá donde vayas, llévame contigo. En cada caricia, aunque no sea yo la piel. En cada sonrisa, aunque no sea yo el motivo. En cada vida que vivas, víveme aunque yo no esté.-

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Mi mejor viaje.-

Siempre pensé que vivirte fue como viajar a tu país favorito por un tiempo pero con billete de vuelta. Y ahora que esta vez  viajo de nuevo a ti para quedarme, solo quiero estar aquí y así siempre.  Perdiendo el norte subida a la cima de tus labios mientras me regalas el mundo en una sonrisa.

El mejor de los atardeceres.-

Y vuelves a ser mi atardecer favorito. Ese que me pasaría horas y horas observando, dejando que aquellos colores hicieran fuego en mis pupilas. Y esta vez puedo permitirme hablar de ti sin agrietarme por dentro. Y es que, la de noches que he pasado en vela sin llama a la que encenderme. Y entonces, aparecéis de nuevo, tú y tu bonita manía de descolocarme la vida. Pero me encanta. Me encanta quemarme cuando eres tú quien me enciende las ganas escondidas. Me encanta lanzarme al vacío de tu cama con el sol quemándonos la piel. Que me quemaría otras mil más. Que empiezan a tener otro sabor mis sonrisas según tú. Víveme demostrándome que la vida es hoy y que mañana no se sabe. Y hagamos como si nunca antes nos hubiéramos quemado y siempre valdrá la pena.

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